domingo, 7 de agosto de 2011

Renaciste en un aullido a media noche. Chapter 5 (parte 16).

Salgo al salón, por donde se va a la playa, y ahí está John, sentado en el umbral de la puerta. Se gira para verme, y me doy cuenta de que sigo en pijama, que idiota.

-          Ehehe, un segundito.
-          Date prisa anda.

Subo a toda prisa y me cambio con lo primero que pillo. Me pongo un bikini amarillo y una camiseta larga que no sé de dónde ha salido, pero en fin... creo que ya estoy, no me doy tiempo para peinarme así que mientras corro hacia la puerta me arreglo el pelo con las manos.

Parezco imbécil, discrepando de si le gusto a John, cuando es su decisión, no lo que yo piense. Cuando entro por la puerta  casi sin aliento me encuentro con la mirada impaciente de John, casi se podría decir que me fuera a matar.

-          Venga vamos no te quedes ahí parada, llevo esperando ya un rato y las olas no 
van a estar ahí soto el día.

Le sonrío y me apresuro a su lado, él extiende su mano y me toma la mía con fuerza. Salimos por la puerta a toda velocidad, solo nos paramos para que John recoja la tabla de la arena. Mientras corremos miro a John. Tiene la mirada perdida en alguna de las curvaturas del mar, con una mirada llena de ilusión, como la de un niño cuando ve los regalos de navidad.

Hemos llegado a la orilla, pero no parece tener intención de parar así que me libero de su mano. Por un momento me mira de reojo, pero sigue adelante. Yo me siento en la arena, porque presiento que esto va a ser largo.

John no se detiene para nada, ni para colocar la tabla, se lanza a las olas y las surca con facilidad, es estimulante ver a alguien feliz haciendo lo que le gusta. Parece que hubiera nacido con ello. Otros surfistas llegan  la playa y se ponen a surfear cerca de John, algunos se hacen señas, otros hacen piruetas en las olas y John disfruta de ellas.

Pasa el tiempo y me doy cuenta de que, aunque sé que hay muchos surfistas, me he llevado todo el tiempo mirando a John. Parecería normal si solo fuera su amiga, pero siento que hay algo más. Paso un rato hasta que saliera del agua, pero cuando lo hizo no sabía que hacer o que decir. Quizás estuviera nerviosa por intentar ocultar mis sentimientos, con miedo que él lo pueda descubrir, con miedo de la verdad. Tengo la cara roja como un tomate.    

1 comentario:

Cathiie dijo...

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